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Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el SEÑOR hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros. (Isaías 53:4-6).

 

EL mensaje de Pascua/Semana Santa, es el más profundo, verdadero, transformador y vivificante que podemos escuchar, el cual responder y del cual podemos participar. En breve, la historia de Pascua es la culminación del plan de salvación de Dios para la redención y restauración de la humanidad. Tal amor sacrificial e incondicional desata la misericordia, la gracia y el perdón de Dios. Deberíamos estar experimentando un gozo sin límites, cautivados por el asombro y la maravilla, celebrando nuestra nueva libertad y viviendo en una nueva relación dinámica con el Todopoderoso.

 

Los versículos en Isaías hablan de lo que Dios ha hecho por nosotros a través de Jesús. Al ir a la cruz, Jesús hizo algo extremamente positivo. Sin embargo, fue sometido al dolor, ridiculizado, quebrantado y sufrió la separación de su Padre con quien ha compartido una profunda intimidad por toda la eternidad. Jesús cargó con todo lo que es negativo, destructivo y doloroso. Esta demostración de amor genuino, incondicional y sacrificial no tiene ningún paralelo en la historia de la humanidad.

 

Incluso mientras leemos y consideramos lo que Jesús llevó sobre sí, sentimos una liberación, una descarga y una libertad. Jesús carga nuestras enfermedades y lleva nuestras penas. Sí, aquí se vislumbra la humanidad de Jesús como el Verbo que “fue hecho carne” (Juan 1:14), totalmente humano y totalmente divino, vislumbra la fragilidad, la debilidad y la imperfección a nivel personal. Dicho esto, debemos reconocer que llevó a cabo muchos otros actos..

 

Jesús está haciendo algo más que sólo identificarse con nosotros. Él está llevando sobre sí mismo nuestras debilidades, enfermedades y dolores, para que nosotros no tengamos que cargarlas. Vinculemos esa primera declaración a Filipenses 4:6-7 (“No se inquieten por nada …”) y 1 Pedro 5:7 (“Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.”) para comprender mejor lo que se nos está ofreciendo en Jesús. Miremos de nuevo lo que sucede con Jesús – Él es traspasado, molido, castigado y herido. ¿Por qué Jesús aceptaría todo eso? ¿Por qué permitiría Dios que su Único Hijo soportara todo eso? Otra lectura de los versículos de Isaías ilumina lo que recibimos a través de su sacrificio – paz y sanidad para nosotros. El castigo infligido sobre Jesús nos trae paz. Tenemos sanidad porque Jesús fue herido. Está casi más allá de nuestra comprensión, pero un momento horriblemente doloroso nos trae sanidad, un acto horriblemente violento nos trae la paz eterna.

 

Se está llevando a cabo una especie de transacción injusta que demuestra la extravagancia de Dios y su favor inmerecido que llamamos “gracia”. También sucede algo profundamente teológico, sacrificial y un pacto.

 

El código de sacrificio y las prácticas que tenemos en el Antiguo Testamento están ahí para expiar nuestros pecados e imperfecciones. En la Cruz, el inmaculado Cordero de Dios paga el sacrificio supremo de una vez por todas y nos conduce a una nueva dispensación de gracia y liberación.

 

Tenemos paz con Dios debido a todo lo que fue consumado por Jesús, y esa paz es experimentada al tener fe en Jesús (ver Romanos 5:1: “Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”). Sí, es así de sencillo, ¡no tenemos que complicarlo!.

 

La historia de la Pascua no termina en el calvario. El domingo de resurrección se trata de la resurrección y de la nueva vida. En 2 Corintios 5:17 se nos recuerda que “De modo que, si alguno está en Cristo, ya es una nueva creación; atrás ha quedado lo viejo ¡ahora ya todo es nuevo!” La vieja realidad de estar cautivado por el pecado, de que la muerte era nuestro enemigo final, ¡ha desaparecido! En el domingo de Pascua resucitamos a una nueva vida en Cristo. Esa nueva vida es vida eterna, coloca la victoria sobre el pecado y la muerte, incluye nuestra sanidad e integridad, es una vida de paz profunda (Isaías 26:3: “Tú guardas en completa paz a quien siempre piensa en ti y pone en ti su confianza”).. Sí, es así de sencillo, ¡no tenemos que complicarlo!.

 

En esta Pascua usted puede experimentar sanidad e integridad en Cristo. Jesús vino a la tierra para eso. Es lo que más desea Dios para usted..

 

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